lunes, 19 de noviembre de 2012

¿QUE ES LA MENTIRA?

Una mentira es una declaración realizada por alguien que cree o sospecha que es falsa en todo o en parte, esperando que los oyentes le crean, ocultando siempre la realidad en forma parcial o total. Una cierta oración puede ser una mentira si el interlocutor piensa que es falsa o que oculta parcialmente la verdad. En función de la definición, una mentira puede ser una falsedad genuina o una verdad selectiva, exagerar una verdad o incluso la verdad, si la intención es engañar o causar una acción en contra de los intereses del oyente. Las ficciones, aunque falsas, no se consideran mentiras. Mentir es decir una mentira. A las personas que dicen una mentira, especialmente a aquellas que las dicen frecuentemente, se las califica de mentirosas. Mentir implica un engaño intencionado y consciente. Tiene como sinónimos: embuste, bola, calumnia, coba o falacia.



También es mentira el acto de la simulación o el fingir. Por ejemplo: si alguien atropella a una persona y huye del lugar sin ser identificado y, después de un tiempo, regresa y se mezcla con los curiosos y finge indignación por lo ocurrido, está mintiendo a todos aquellos ante quienes simula o finge inocencia. En otras palabras, para mentir no se necesita decir palabra alguna.
Otra forma de mentira no verbal la constituye el hecho de hacerse pasar por discapacitado físico con el fin de obtener algún "favor" en provecho propio (limosnas, por ejemplo).


Pese a que las mentiras estén mal vistas, se ve como algo normal considerar que hay mentiras peores que otras.

 San Agustín distingue ocho tipos de mentiras: las mentiras en la enseñanza religiosa; las mentiras que hacen daño y no ayudan a nadie; las que hacen daño y sí ayudan a alguien; las mentiras que surgen por el mero placer de mentir; las mentiras dichas para complacer a los demás en un discurso; las mentiras que no hacen daño y ayudan a alguien; las mentiras que no hacen daño y pueden salvar la vida de alguien, y las mentiras que no hacen daño y protegen la "pureza" de alguien. Por otra parte, San Agustín aclara que las "mentirijillas" no son en realidad mentiras.
Tomás de Aquino, por su parte, distingue tres tipos de mentiras: la útil, la humorística y la maliciosa. Según Tomás de Aquino, los tres tipos de mentira son pecado. Las mentiras útiles y humorísticas son pecados veniales, mientras que la mentira maliciosa es pecado mortal.
El tipo más grave de mentira es la calumnia, ya que con esto se imputa siempre a algún inocente una falta no cometida en provecho malicioso.

La mentira es la afirmación o negación de una cosa contraria a la realidad o diferente a ella. Su esencia misma es el engaño y su gravedad depende del grado de egoísmo o maldad que la engendre. Puede darse como expresión espontánea, un "recurso fácil" del momento, o como engaño maquinado o premeditado. Es decir, puede generarse a causa de una actitud descuidada y fantasiosa en el modo de pensar y de hablar, o constituir un engaño deliberado. Mentir fácilmente se convierte en habito y con el tiempo vuelve casi insensible la conciencia del mentiroso.

La mentira es uno de los males mas generalizados en nuestra sociedad, al punto que la conciencia de muchos se ha insensibilizado y debilitado con respecto a este mal. Hay muchos que creen que "no se puede vivir sin mentir". Por lo general, el hombre se justifica al hacerlo, pero sus justificaciones resultan ilusorias y sin fundamento, pues la falsedad y la mentira son inmorales.
La falsedad y el engaño resultan muy perjudiciales en la relación entre los seres humanos. Fomenta la desconfianza, el recelo, la duda, la incredulidad, la sospecha. Destruye la comunicación y el ambiente de unidad. Debemos desecharlos de todas las áreas de nuestra vida, sea el hogar, el trabajo, el comercio, el gobierno, la escuela, es decir, en todo ámbito y bajo toda relación.
Nuestra conducta debe caracterizarse por la honestidad, la honradez, la integridad, la sinceridad, la transparencia y la veracidad. Una sociedad asentada sobre la mentira y el engaño, está destinada a desmoronarse. Es necesario edificar una estructura moral de veracidad en todos los órdenes y escalas de la vida tanto en los gobernantes como en los gobernados, tanto en los padres como en los hijos, tanto en los patrones como en los empleados, tanto en los maestros como en los alumnos, tanto en los profesionales y en los comerciantes como en sus clientes.




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